«No hay nada como tú en todo el universo, nada, ni el sol, ni la luna, nada. La belleza es como un anillo que llevas en tu dedo. Eres la sultana de mi mente y de mi alma, si este amor que siento fuera considerado pecado, continuaría pecando, porque no puedo vivir sin el pecado de tu amor. Mis lágrimas han crecido hasta convertirse en un mar que te rodea amor mío, ¿cómo podría navegar por sus costas cuando cada ola me regresa a ti? La gente cree que el sultán no llora, pero derramo lágrimas como ríos. No es mi culpa, porque es el amor que tiene mi corazón en llamas. He elegido a la reina de mi corazón y estoy dispuesto a dejar mi corazón por ella para así convertirme en su esclavo…»